lunes, 21 de junio de 2010

Divagaciones y divulgaciones sobre libros

A menudo suelo pasar por las tiendas de libros usados del Mercado Huembes de esta capital con la curiosidad de saber que les ha llegado últimamente a los marchantes de osarios editoriales. Pero también con la esperanza de ser recompensado por la suerte de encontrarme con cierta obra antigua o reciente de algún autor conocido cuyo tema esté dentro de mi interés.

En algunas ocasiones esas visitas no han sido muy afortunadas ya que no encuentro nada interesante. No obstante, debo confesar que han sido más las ocasiones en que he sido recompensado con una que otra obra, cuyo autor o edición desaparecida por décadas, en otras palabras reliquia, nacional en muchos casos, retribuye el viaje.

En otras ocasiones la fortuna ha sido tal que he llegado justo cuando a los marchantes le han abastecido de algún lote de libros con “novedades”. Como en una ocasión en que me encontré una enorme cantidad de libros sobre la teología de la liberación, cuya mayor sorpresa no fue tanto el encontrar las obras de Gustavo Gutiérrez o trabajos sobre Helder Camera, como el saber que la mayoría de los libros tenían el sello de la biblioteca personal de un sacerdote conocido.

Esos hallazgos de retazos de bibliotecas de personajes conocidos son cosas que ocurren a menudo en ese pulguero de libros. Cuando se visita esos lugares, ni por asomo se siente el sosiego y la solemnidad de las librerías de nuevos libros y de editoriales conocidas. La venta de libros se hace con el mismo desenfado con que se vende una libra de papas. Y el sitio está tan revuelto y desordenado que el esfuerzo que se hace para encontrar un libro interesante, es similar al de las ventas de verdura. Recuerdo haber encontrado entre una ruma de libros llenos de polvo, junto a unos platos y vasos sucios de sus dueños, un libro de una ensayista argentina, en cuya primera página estaba escrita una afectuosa dedicatoria a Sergio Ramírez.

Días atrás pasé por la tienda de una de las marchante con quien tengo amistad, “La chela”. Como de costumbre comencé a remover rumas de libros, como un topo metiendo la mano en el fondo de algún estante o estirando el brazo o inclinando el cuello para ver que contiene esas montaña de libros, maltrechos muchos de ellos. Pues, ese día me encontré un libro titulado “Divulgaciones de Rubén Darío”, edición modesta del Ministerio de Educación. Era una de las tantas publicaciones realizadas por el Estado somocista durante la década de los cincuenta y cuyo contenido merece una reflexión histórica.

El libro es una compilación de fragmentos de trabajos de diversos autores relacionados con la obra y vida de Darío, comentados por el periodista Gustavo Alemán Bolaños quien aparece como autor. En su organización se observa que se intercalan algunos cuentos, poemas y escritos periodísticos del poeta. Según el sub título que acompaña el título principal, es un “texto para la Cátedra Rubén Darío creada por el Ministerio de Educación pública de Nicaragua”.

Esa Cátedra fue fundada a mediados de la década de los cuarenta, en el marco de los esfuerzos del gobierno de Somoza García por hacer de la figura y legado del bardo, el elemento cohesionador de la sociedad nicaragüense, fragmentada por la violencia política. Intelectuales de diversas tendencias políticas recorrerían, durante los años que duró la Cátedra, los institutos nacionales, universidades y centros culturales de las principales cabeceras departamentales del país organizando conferencias sobre la obra del poeta leonés.

Fue una buena idea contar con un libro base para la Cátedra, en una época de decidía institucional, incentivando publicaciones de autores nacionales. Más aún cuando ese propósito tiene fines tan nobles como el de contribuir a la difusión de la cultura. Al revisar los materiales de esta obra, se evidencia un interés por hacer una apretada síntesis de todo el trabajo y vida del poeta, intercalando comentarios, pasajes de su vida con fragmentos de sus principales trabajos, los cuales aparecieron en libros cuyos títulos han quedado inmortalizados para la posteridad.

Lo contradictorio del libro, es la sección de anecdotarios, crónicas y cuadros, cuya temática enfatiza lo que el compilador/comentador, llamaría lo nicaragüense. ¿Cuál? La vida campestre, rural, y el imaginario supersticioso aún presente en la sociedad de la época (lo tradicional). Pareciera que el propósito era remover la vieja discusión del Darío nicaragüense, versus el afrancesado o europeizado, que el poeta sentiría en carne propia. Lo paradójico de este libro es que esas obras europeizantes o exóticas (donde la universalidad es evidente) poemas, cuentos o crónicas soslayadas adrede, o apenas referidas, no han envejecido, siguen tan frescas y actuales como el día que las escribió el poeta. Mientras el anecdotario y otros pasajes bucólicos son anticuarios en decadencia y cada vez con menos seguidores.

martes, 15 de junio de 2010

Ese oscuro objeto hemorográfico

En un artículo escrito por el académico italiano Franco Cerutti (1918-¿) titulado “Perfil de la cultura nicaragüense en el siglo XIX”, publicado en la revista EL Pez y la Serpiente Nº 14 (1974) que dirigiera el poeta Pablo Antonio, afirmaba que en el siglo XIX, la producción literaria en Nicaragua era “de factura mediocre” y a continuación, deploraba que “un Gregorio Juárez o un Manuel Maldonado, por ejemplo, hayan legado una copiosa y anodina producción en verso – o que tal vez ni siquiera pueda hablarse de poesía—o que, mientras florecían en Alemania el Sturm un Drang, en Italia el neo-clasismo y en Francia el simbolismo, en Nicaragua algunos modestos ingenios se dedicaran sin descanso a la confección de innumerables sonetos caseros y de novelitas de abecedarios…”

El juicio descarnado del académico italiano no estaba alejado de la realidad histórica que vivía las letras y las artes en la Nicaragua decimonónica. Hasta las primeras dos décadas del siglo XX, -- además de darle su lugar a Darío --, el autor apenas rescata producción inicial de Salomón de la Selva, Azarías H. Pallais y Santiago Arguello. También deja claro en el estudio, que la literatura y la cultura en general, entra en su pleno desarrollo a partir del surgimiento del movimiento de Vanguardia a finales de la tercera década de ese siglo XX.

Pese al panorama desolador de la cultura nacional durante ese período, Cerutti plantea otra afirmación interesante: “la casi totalidad de la producción cultural nicaragüense, hoy como ayer, pero especialmente ayer, está íntimamente vinculada con el florecimiento y la vitalidad del periodismo”. En otras palabras la producción literaria, artística, o algunas aproximaciones filosóficas o científicas de algún valor, durante ese período y posteriores, se encuentran registradas en las páginas de las publicaciones periódicas (periódicos, revistas o boletines) de la época.

A lo largo de todo el siglo XIX, la producción editorial de textos literarios, científicos, dramáticos, artísticos, o históricos, fue incipiente y en la mayoría de los casos de poca calidad. En cambio, a partir de las dos últimas décadas del siglo XIX se observa la aparición de una cultura impresa periódica no exenta de cierta pujanza, la cual, por el costo y diseño de producción, la hacía susceptible de consumo de manera colectiva, entre los sectores letrados urbanos de las principales cabeceras departamentales (León, Managua y Granada).

Es una verdad incuestionable, que en la actualidad las pocas colecciones de periódicos y revistas que aún se conservan, albergan en sus páginas obras escritas de diversas calidades, de autores o artistas, conocidos o desconocidos. Un ejemplo claro de esta situación, es el periódico El Porvenir de Nicaragua, publicado a partir de la década del sesenta del siglo XIX, donde aparecen una serie de escritos de un columnista que se identifica con las iniciales LL,MM. Sus escritos, además de estar bien redactados, con calidad literaria y siguiendo los patrones del periodismo del siglo XIX, la profundidad analítica que le imprime a los temas que aborda es loable.

El texto de Cerutti invita a ampliar el horizonte de estudio de la cultura nicaragüense. No todo se ha dicho alrededor de temas relacionado con la producción histórica, literaria o artística. Las colecciones hemerográficas, son fuentes valiosas que aún no han sido exploradas en toda su dimensión, de ellas se pueden extraer valiosos documentos que pueden sacar del anonimato a un autor o artista, esclarecer algún pasaje de su vida u obra.

domingo, 6 de junio de 2010

A propósito de las muestras de cine

En esta semana en la capital se está llevando a cabo dos eventos relacionados con el cine, lo cual da una buena imagen de la salud de los audiovisuales, hoy por hoy hegemónicos dentro de la cultura. Una de ellas es la muestra inaugurada a inicios de este mes, donde se exhiben una serie de trabajos de realizadores y/o productores europeos. La otra propuesta, tiene que ver con un cine que para los latinoamericanos y en particular los nicaragüenses, saturados de producciones occidentales (muchas de mala calidad), en especial norteamericanas, le servirá como “terapia” des alienante, dado que le permite conocer otras propuestas culturales, como la asiática. Me refiero al cine iraní, demás está decirlo, representa—según los críticos—junto con el cine taiwanés, los polos más interesantes de producción cinematográfica desde hace más de una década.
Este tipo de eventos, junto con el resto de propuestas articuladas a través de las salas de cine comercial, son loables, aún cuando en el país se continúa siendo deficitarios, --comparativamente hablando-- con el resto de Centroamérica, en salas de cine “per cápita”. Pero también, las iniciativas comunitarias a través de foros organizados en escuelas, universidades, ayudan a solventar de alguna manera ese vacío de espacios audiovisuales. La Universidad Centroamericana ha tenido una tradición de fomento de cine foros de gratos recuerdo para algunas generaciones graduadas en esta universidad.
A mediados de la década de los noventa del siglo recién pasado, se organizó en la UCA un Cine Foro dirigido por estudiantes de la Universidad y yo que recién me había graduado. Durante los casi cinco años que duró (1995-2000) esta iniciativa, se lograron presentar una buena cantidad de películas, la mayoría de ellas producciones provenientes del llamado cine alternativo, cine latinoamericano o cines nacionales europeos. Además, se presentaron sendas muestras históricas de realizadores alemanes, franceses y japoneses, entre los que se pueden destacar: franceses, a Francois Truffaut, Jean Luc Godard ; japoneses como Jasujiro Ozu y Nagisa Oshima; alemanes como Wim Wenders, Margarethe von Trotta, Werner Herzog, Volker Slchlondorff y por supuesto, el genial R. W. Fassbinder.
Como homenaje a esas presentaciones realizadas a mediados de la década del noventa, reproduzco un texto crítico comparativo, el cual escribí en ocasión de la presentación de la película “Las amargas lágrimas de Petra Von Kant” (1972) del realizador Fassbinder. El título es sugerente: “Gertrud y Petra: las amargas lagrimas del amor”.
“Para muchos quizás sea una herejía comparar a Gertrud, personaje de la película que lleva el mismo nombre (Gertrud, 1964), del inolvidable realizador danés, Carl T. Dreyer (1889-1968) y el personaje de Petra de la película “Las amargas lágrimas de Petra von Kant” de R. W. Fassbinder (1945-1982). No obstante, el morbo de la comparación es tan intenso que no queda otra alternativa que lanzarse a la aventura.
Ambas producciones son distintas, no sólo por la puesta en escena, la escenografía, sino hasta en el concepto y/o personalidad de los realizadores. Donde ellos se encuentran es en abordaje de un tema universal, algunos dirán trillado, como es el del amor y sus implicaciones.
El personaje de Gertrud, ha buscado en vano a lo largo de toda su vida, conocer las fuerzas que mueven el amor puro, abstracto, sensorial. En cambio Petra siente que el mundo se derrumba sobre ella si le falta el contacto con el amor físico, carnal, concreto, por eso vemos que a menudo su amante le reprocha su voraz apetito sexual.
Al dejar de creer en los hombres como fuentes del eros, Gertrud idealmente y a través de un proceso de catarsis se difumina en el amor, por eso solicita que en su tumba le pongan un epitafio que rece así: “somos amor”. Petra aborrece la institución del matrimonio como fuente para alcanzar el amor. Su experiencia de casada la ha marcado, por ello no cree en el amor puro, en ese amor sensorial, ideal, sino como instrumento sexual, como personificación de lo carnal, material. Ella cree que la armonía de una relación la da el placer del sexo.
El auto encierro de Gertrud tiene una connotación inversa a la de Petra. La primera se aísla porque quiere eludir la realidad circundante o mejor dicho, quiere olvidar su experiencia personal, y se refugia en lo lúdico, ya que como ella lo expresa quiere ser: “el rocío que cubre las hojas de los árboles y las nubes que nadie sabe a dónde va”. Por su parte Petra, encuentra en las cuatro paredes de su habitación, el refugio ideal donde liberar sus fantasías sexuales, pero también ve en ella una especie de fortaleza donde somete al amante a su voluntad.
La puesta en escena de la Película “Gertrud”, es austero, ascético, sin mucha carga escenográfica, luces; en una alegórica fotografía en blanco y negro que busca como enfatizar el insondable misterio de la existencia humana. En cambio, se encuentra un delicado y sugerente equilibrio en la puesta en escena de “Las amargas…”, colores exuberantes, donde sobresale el rojo representando la lujuria, la pasión que envuelve el espíritu de la protagonista.
A diferencia de Gertrud que mantiene una conducta serena y reposada ante su destino, Petra pierde la compostura al no alcanzar sus propósitos, transgrediendo toda convención social y moral al faltarle al respeto a su madre, hija y amiga.
En “Gertrud”, la mayor parte del tiempo la cámara se mantiene fija y los personajes se moverán siguiendo las convenciones teatrales, de izquierda a derecha. No obstante, hay tres escenas que se desarrollan fuera de la sala, las cuales sugieren, siguiendo las convenciones aristotélicas, una especie de introducción o desenlace del conflicto. En “Las amargas…” toda la acción se desenvuelve en el interior de la habitación de Petra, la cámara se mueve de manera continua y el espacio se fragmenta en diversos planos. Por lo demás, se puede decir que es memorable la actuación de Nina Pens Rede en el papel de Gertrud y de Margit Carstensen en el de Petra”.