En esta semana en la capital se está llevando a cabo dos eventos relacionados con el cine, lo cual da una buena imagen de la salud de los audiovisuales, hoy por hoy hegemónicos dentro de la cultura. Una de ellas es la muestra inaugurada a inicios de este mes, donde se exhiben una serie de trabajos de realizadores y/o productores europeos. La otra propuesta, tiene que ver con un cine que para los latinoamericanos y en particular los nicaragüenses, saturados de producciones occidentales (muchas de mala calidad), en especial norteamericanas, le servirá como “terapia” des alienante, dado que le permite conocer otras propuestas culturales, como la asiática. Me refiero al cine iraní, demás está decirlo, representa—según los críticos—junto con el cine taiwanés, los polos más interesantes de producción cinematográfica desde hace más de una década.
Este tipo de eventos, junto con el resto de propuestas articuladas a través de las salas de cine comercial, son loables, aún cuando en el país se continúa siendo deficitarios, --comparativamente hablando-- con el resto de Centroamérica, en salas de cine “per cápita”. Pero también, las iniciativas comunitarias a través de foros organizados en escuelas, universidades, ayudan a solventar de alguna manera ese vacío de espacios audiovisuales. La Universidad Centroamericana ha tenido una tradición de fomento de cine foros de gratos recuerdo para algunas generaciones graduadas en esta universidad.
A mediados de la década de los noventa del siglo recién pasado, se organizó en la UCA un Cine Foro dirigido por estudiantes de la Universidad y yo que recién me había graduado. Durante los casi cinco años que duró (1995-2000) esta iniciativa, se lograron presentar una buena cantidad de películas, la mayoría de ellas producciones provenientes del llamado cine alternativo, cine latinoamericano o cines nacionales europeos. Además, se presentaron sendas muestras históricas de realizadores alemanes, franceses y japoneses, entre los que se pueden destacar: franceses, a Francois Truffaut, Jean Luc Godard ; japoneses como Jasujiro Ozu y Nagisa Oshima; alemanes como Wim Wenders, Margarethe von Trotta, Werner Herzog, Volker Slchlondorff y por supuesto, el genial R. W. Fassbinder.
Como homenaje a esas presentaciones realizadas a mediados de la década del noventa, reproduzco un texto crítico comparativo, el cual escribí en ocasión de la presentación de la película “Las amargas lágrimas de Petra Von Kant” (1972) del realizador Fassbinder. El título es sugerente: “Gertrud y Petra: las amargas lagrimas del amor”.
“Para muchos quizás sea una herejía comparar a Gertrud, personaje de la película que lleva el mismo nombre (Gertrud, 1964), del inolvidable realizador danés, Carl T. Dreyer (1889-1968) y el personaje de Petra de la película “Las amargas lágrimas de Petra von Kant” de R. W. Fassbinder (1945-1982). No obstante, el morbo de la comparación es tan intenso que no queda otra alternativa que lanzarse a la aventura.
Ambas producciones son distintas, no sólo por la puesta en escena, la escenografía, sino hasta en el concepto y/o personalidad de los realizadores. Donde ellos se encuentran es en abordaje de un tema universal, algunos dirán trillado, como es el del amor y sus implicaciones.
El personaje de Gertrud, ha buscado en vano a lo largo de toda su vida, conocer las fuerzas que mueven el amor puro, abstracto, sensorial. En cambio Petra siente que el mundo se derrumba sobre ella si le falta el contacto con el amor físico, carnal, concreto, por eso vemos que a menudo su amante le reprocha su voraz apetito sexual.
Al dejar de creer en los hombres como fuentes del eros, Gertrud idealmente y a través de un proceso de catarsis se difumina en el amor, por eso solicita que en su tumba le pongan un epitafio que rece así: “somos amor”. Petra aborrece la institución del matrimonio como fuente para alcanzar el amor. Su experiencia de casada la ha marcado, por ello no cree en el amor puro, en ese amor sensorial, ideal, sino como instrumento sexual, como personificación de lo carnal, material. Ella cree que la armonía de una relación la da el placer del sexo.
El auto encierro de Gertrud tiene una connotación inversa a la de Petra. La primera se aísla porque quiere eludir la realidad circundante o mejor dicho, quiere olvidar su experiencia personal, y se refugia en lo lúdico, ya que como ella lo expresa quiere ser: “el rocío que cubre las hojas de los árboles y las nubes que nadie sabe a dónde va”. Por su parte Petra, encuentra en las cuatro paredes de su habitación, el refugio ideal donde liberar sus fantasías sexuales, pero también ve en ella una especie de fortaleza donde somete al amante a su voluntad.
La puesta en escena de la Película “Gertrud”, es austero, ascético, sin mucha carga escenográfica, luces; en una alegórica fotografía en blanco y negro que busca como enfatizar el insondable misterio de la existencia humana. En cambio, se encuentra un delicado y sugerente equilibrio en la puesta en escena de “Las amargas…”, colores exuberantes, donde sobresale el rojo representando la lujuria, la pasión que envuelve el espíritu de la protagonista.
A diferencia de Gertrud que mantiene una conducta serena y reposada ante su destino, Petra pierde la compostura al no alcanzar sus propósitos, transgrediendo toda convención social y moral al faltarle al respeto a su madre, hija y amiga.
En “Gertrud”, la mayor parte del tiempo la cámara se mantiene fija y los personajes se moverán siguiendo las convenciones teatrales, de izquierda a derecha. No obstante, hay tres escenas que se desarrollan fuera de la sala, las cuales sugieren, siguiendo las convenciones aristotélicas, una especie de introducción o desenlace del conflicto. En “Las amargas…” toda la acción se desenvuelve en el interior de la habitación de Petra, la cámara se mueve de manera continua y el espacio se fragmenta en diversos planos. Por lo demás, se puede decir que es memorable la actuación de Nina Pens Rede en el papel de Gertrud y de Margit Carstensen en el de Petra”.
Este tipo de eventos, junto con el resto de propuestas articuladas a través de las salas de cine comercial, son loables, aún cuando en el país se continúa siendo deficitarios, --comparativamente hablando-- con el resto de Centroamérica, en salas de cine “per cápita”. Pero también, las iniciativas comunitarias a través de foros organizados en escuelas, universidades, ayudan a solventar de alguna manera ese vacío de espacios audiovisuales. La Universidad Centroamericana ha tenido una tradición de fomento de cine foros de gratos recuerdo para algunas generaciones graduadas en esta universidad.
A mediados de la década de los noventa del siglo recién pasado, se organizó en la UCA un Cine Foro dirigido por estudiantes de la Universidad y yo que recién me había graduado. Durante los casi cinco años que duró (1995-2000) esta iniciativa, se lograron presentar una buena cantidad de películas, la mayoría de ellas producciones provenientes del llamado cine alternativo, cine latinoamericano o cines nacionales europeos. Además, se presentaron sendas muestras históricas de realizadores alemanes, franceses y japoneses, entre los que se pueden destacar: franceses, a Francois Truffaut, Jean Luc Godard ; japoneses como Jasujiro Ozu y Nagisa Oshima; alemanes como Wim Wenders, Margarethe von Trotta, Werner Herzog, Volker Slchlondorff y por supuesto, el genial R. W. Fassbinder.
Como homenaje a esas presentaciones realizadas a mediados de la década del noventa, reproduzco un texto crítico comparativo, el cual escribí en ocasión de la presentación de la película “Las amargas lágrimas de Petra Von Kant” (1972) del realizador Fassbinder. El título es sugerente: “Gertrud y Petra: las amargas lagrimas del amor”.
“Para muchos quizás sea una herejía comparar a Gertrud, personaje de la película que lleva el mismo nombre (Gertrud, 1964), del inolvidable realizador danés, Carl T. Dreyer (1889-1968) y el personaje de Petra de la película “Las amargas lágrimas de Petra von Kant” de R. W. Fassbinder (1945-1982). No obstante, el morbo de la comparación es tan intenso que no queda otra alternativa que lanzarse a la aventura.
Ambas producciones son distintas, no sólo por la puesta en escena, la escenografía, sino hasta en el concepto y/o personalidad de los realizadores. Donde ellos se encuentran es en abordaje de un tema universal, algunos dirán trillado, como es el del amor y sus implicaciones.
El personaje de Gertrud, ha buscado en vano a lo largo de toda su vida, conocer las fuerzas que mueven el amor puro, abstracto, sensorial. En cambio Petra siente que el mundo se derrumba sobre ella si le falta el contacto con el amor físico, carnal, concreto, por eso vemos que a menudo su amante le reprocha su voraz apetito sexual.
Al dejar de creer en los hombres como fuentes del eros, Gertrud idealmente y a través de un proceso de catarsis se difumina en el amor, por eso solicita que en su tumba le pongan un epitafio que rece así: “somos amor”. Petra aborrece la institución del matrimonio como fuente para alcanzar el amor. Su experiencia de casada la ha marcado, por ello no cree en el amor puro, en ese amor sensorial, ideal, sino como instrumento sexual, como personificación de lo carnal, material. Ella cree que la armonía de una relación la da el placer del sexo.
El auto encierro de Gertrud tiene una connotación inversa a la de Petra. La primera se aísla porque quiere eludir la realidad circundante o mejor dicho, quiere olvidar su experiencia personal, y se refugia en lo lúdico, ya que como ella lo expresa quiere ser: “el rocío que cubre las hojas de los árboles y las nubes que nadie sabe a dónde va”. Por su parte Petra, encuentra en las cuatro paredes de su habitación, el refugio ideal donde liberar sus fantasías sexuales, pero también ve en ella una especie de fortaleza donde somete al amante a su voluntad.
La puesta en escena de la Película “Gertrud”, es austero, ascético, sin mucha carga escenográfica, luces; en una alegórica fotografía en blanco y negro que busca como enfatizar el insondable misterio de la existencia humana. En cambio, se encuentra un delicado y sugerente equilibrio en la puesta en escena de “Las amargas…”, colores exuberantes, donde sobresale el rojo representando la lujuria, la pasión que envuelve el espíritu de la protagonista.
A diferencia de Gertrud que mantiene una conducta serena y reposada ante su destino, Petra pierde la compostura al no alcanzar sus propósitos, transgrediendo toda convención social y moral al faltarle al respeto a su madre, hija y amiga.
En “Gertrud”, la mayor parte del tiempo la cámara se mantiene fija y los personajes se moverán siguiendo las convenciones teatrales, de izquierda a derecha. No obstante, hay tres escenas que se desarrollan fuera de la sala, las cuales sugieren, siguiendo las convenciones aristotélicas, una especie de introducción o desenlace del conflicto. En “Las amargas…” toda la acción se desenvuelve en el interior de la habitación de Petra, la cámara se mueve de manera continua y el espacio se fragmenta en diversos planos. Por lo demás, se puede decir que es memorable la actuación de Nina Pens Rede en el papel de Gertrud y de Margit Carstensen en el de Petra”.

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