jueves, 13 de mayo de 2010

Debate generacional e ideología

La semana pasada apareció un escrito en Gente, publicación informativa digital de Radio La Primerísima, titulado ¿Qué se ha creído el renegado Tirado López? Como reacción a una nota escrita por el ex miembro de la antigua Dirección Nacional del Frente Sandinista Víctor Tirado López, en donde el antiguo compañero de Daniel Ortega en la tendencia tercerista, le hace una serie de señalamientos personales.
Más allá del contenido de la nota de Tirado López, interesa un aspecto que se trasluce en la respuesta del autor de ¿Qué se ha creído…? El choque generacional como centro del debate ideológico. El autor de apellido Narváez, perteneciente a la generación de los ochenta, utiliza como argumentos para rebatir la postura política del antiguo dirigente sandinista, sus méritos de revolucionario y combatiente durante las jornadas de lucha enfrentando la contrarrevolución y la agresión extranjera, buscando con ello ponerse al nivel del sujeto criticado. Además, hace hincapié en su perseverancia de lucha durante el período conocido como neo liberal, donde asegura que pese a las dificultades no claudicó.
Hasta aquí la estrategia del autor es plausible, pero no se detiene en este aspecto sino que aguijonea el conflicto generacional apelando al recurso de la memoria y del olvido al enrostrarle al ex dirigente una verdad cargada de “desilusión”: “Pregúntenle a esta generación que hoy tiene 20, 24 años, 17 de los cuales vivieron en un régimen neo liberal. O peor aún, para los chavalos de 16 a 18 años, seguramente el ex comandante Víctor Tirado López sufriría la peor de las desilusiones de su vida”.
Al apelar a la memoria y al olvido el autor de la nota entra al terreno de la experiencia personal y no del relato histórico. A este nivel, los recuerdos sirven como escudos de protección ante el vasallaje de la retórica académica de la experiencia histórica. En otras palabras, la historia con “H” ha sido enclaustrada, encorsetada en libros, anaqueles e instituciones, mientras que la memoria y sus recursos fluye como las hondas hertzianas de un lado a otro, en la superficie del pensamiento colectivo, presto a ser revivido, tal como hace Narváez.
Esa condición de la memoria y de sus avatares del olvido, trae a recuerdo una película del gran John Ford: “El Hombre que mató a Liberty Valance (1962) en donde ambos recursos, son los protagonista de la película. El Senador Ransom Stoddard regresa al cambiado pueblo de Shinbone, un reportero del periódico local lo espera con gran expectativa por la llegada de tan ilustre personaje. La primera pregunta que le hacen al bajar es ¿Qué lo trae a este olvidado pueblo? Responde que viene al funeral de un amigo suyo, gran sorpresa para los miembros de la prensa, al no tener noticia de algún ilustre recién fallecido. El Senador responde que su nombre es Tom Doniphon, peor aún, no saben quién es ese personaje. Tres décadas habían sido suficientes para que las nuevas generaciones de Shinbone olvidaran a un personaje que había contribuido a pacificar el salvaje oeste.
Un último aspecto alrededor de este tema, al final del escrito se abre un espacio de opinión de los lectores. Dejando a un lado aquellas opiniones ofensivas o vulgares, algunos comentarios censuraban la “impertinencia” de Narváez al criticar a tan histórico personaje. Varias preguntas surgen a la luz de los comentarios hechos por los lectores ¿Qué requisito se necesita para ser sujeto de crítica en la esfera pública? ¿Tiene o no un ciudadano derecho a criticar a cualquier personaje público sin importar su investidura? O mejor de dicho ¿La trayectoria pública de un ciudadano lo hace inmune a crítica alguna?

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