Se está presentando con buen suceso en las salas de cine de Managua el largo metraje La Yuma de la cineasta franco nicaragüense Florence Jaugey, con fotografía de Frank Pineda, uno de los más experimentados y talentosos camarógrafos nacionales.
Una producción que podría decirse milagrosa, en un país donde el apoyo y/o fomento a la cultura es casi una utopía, en especial en un área como la cinematográfica que desde casi dos décadas languidece entre la abulia, la apatía y la indiferencia oficial y/o de cierta mezquina iniciativa privada.
A primera vista, la producción se presenta como un encomio a la austeridad y al uso eficiente de los recursos escenográficos, reparto, entre otros aspectos. La utilización de actores aficionados compartiendo roles con profesionales, algunos de ellos provenientes del teatro o de los programas de televisión, hacen que la puesta en escena tenga ese hálito mágico de realidad y ficción que atrapa al espectador.
Penetrando en sus "entrañas", La Yuma es un crudo retrato de la vida cotidiana de los barrios pobres de Managua. Cada uno de los personajes se desenvuelve dentro de un contexto donde la frontera entre el orden y la transgresión, se pierde dentro de una asfixiante atmósfera salpicada de violencia y drogas,
Pero también, es un lugar donde aun anidan los sueños y las esperanzas de una vida mejor. Eso es lo que el personaje de Yuma transmite con su recia personalidad, curtida en cada uno de los avatares a los que se enfrenta en el día a día.
Es un permanente combate por no dejarse arrastrar por el pesimismo y la desesperanza del entorno en que ella se mueve. Su tabla de salvación es el boxeo, el escaparse con una empresa circense donde a través del espectáculo, de la magia, pueda seguir soñando con sus metas de ser una campeona, que es lo mismo decir, una triunfadora en la vida.
Una producción que podría decirse milagrosa, en un país donde el apoyo y/o fomento a la cultura es casi una utopía, en especial en un área como la cinematográfica que desde casi dos décadas languidece entre la abulia, la apatía y la indiferencia oficial y/o de cierta mezquina iniciativa privada.
A primera vista, la producción se presenta como un encomio a la austeridad y al uso eficiente de los recursos escenográficos, reparto, entre otros aspectos. La utilización de actores aficionados compartiendo roles con profesionales, algunos de ellos provenientes del teatro o de los programas de televisión, hacen que la puesta en escena tenga ese hálito mágico de realidad y ficción que atrapa al espectador.
Penetrando en sus "entrañas", La Yuma es un crudo retrato de la vida cotidiana de los barrios pobres de Managua. Cada uno de los personajes se desenvuelve dentro de un contexto donde la frontera entre el orden y la transgresión, se pierde dentro de una asfixiante atmósfera salpicada de violencia y drogas,
Pero también, es un lugar donde aun anidan los sueños y las esperanzas de una vida mejor. Eso es lo que el personaje de Yuma transmite con su recia personalidad, curtida en cada uno de los avatares a los que se enfrenta en el día a día.
Es un permanente combate por no dejarse arrastrar por el pesimismo y la desesperanza del entorno en que ella se mueve. Su tabla de salvación es el boxeo, el escaparse con una empresa circense donde a través del espectáculo, de la magia, pueda seguir soñando con sus metas de ser una campeona, que es lo mismo decir, una triunfadora en la vida.

1 comentario:
Acaso el acontecimiento más importante de estos días es la presentación de esta película que usa nuestra miseria social y la trasciende al trasmutarla en arte.
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